
Una sociedad que erige como modelos de vida y de trayectoria a Moria Casán, vedette que llega a la cúspide gracias a sus glándulas mamarias y a Susana Giménez por su figura y larga cabellera lacia platinada debe tener una muy baja autoestima comunitaria.
A pesar que al argentino se lo reconoce en el mundo por sus expresiones de superioridad y su convencimiento de autosuficiencia algo falla en su fuero social y en su escala de valores colectivos. Ha elegido para ser representado y para dar imagen a su bien fundamentada cultura nacional por dos especímenes que ganaron su camino a la cúspide en carrera cúbito dorsal de colchón en colchón.
Pero es que la elección de este dúo fruto de las fantasías sexuales de los ciudadanos se complementa con la designación política. Al frente del gobierno nacional tienen una mujer que mandó a modificar los registros de la Universidad de La Plata para ocultar un título de abogada no avalado. Un personaje que encrespa el panorama territorial con conflictos irresolutos llevando adelante enfrentamientos con el solo fin de perpetuar su apellido en la política argentina. Una estrella que compite con las otras dos para liderar las marquesinas nativas, cuya meta es encandilar los problemas y enceguecer a los observadores para continuar el engaño de la Argentina próspera, pujante y floreciente.
¿Cómo se ve un país cholulo, que erige fantasías y las vive? ¿Cómo se respeta un país envuelto en banalidades que responde al llamado de sus “estrellas” para protestar las realidades que lo azotan? Un país que organiza la gran protesta nacional en facebook a partir que el hampa mata al florista de Susana Giménez….Un país que se vive a través de los floggers y las tribus urbanas que nacen en esta sociedad donde la foto y el vestido tapan la jerarquía de la cultura literaria y científica.
Un estudio sociológico sobre el hincha argentino debe establecer un enlace entre la pasión desmedida por los hitos culturales y los equipos de futbol y por la elevación al podio ganador de mujeres de dudoso origen que han labrado su camino hacia la cúspide convirtiéndose en el “sueño argentino” de todo bien y mal nacido. Evita, Isabelita, Susana, Moria, Cristina y el ejemplo de vida para las generaciones futuras. Inconsistencia, desbalance y neurosis para crear la mujer ideal argentina, ejemplo de desarrollo de un pueblo que se llama a si mismo “pujante y creativo” y que dice elegir a sus gobernantes con substancia, estabilidad y madurez.
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