sábado, junio 05, 2010

Carlos Escudé, católico, agnóstico, judío…


“…Muchos presuntos agnósticos que rehúsan adherir a fe alguna pero que a lo largo de su vida indagan hacia adentro y hacia afuera acerca de la razón de ser de la existencia humana y los misterios de la Creación, son más religiosos que muchos otros que aceptan una fe heredada como fácil atajo anestésico y se despreocupan de las preguntas porque ya tienen respuestas enlatadas”

Cuando comencé la investigación de mi tesis para el postgrado de Relaciones Internacionales y Globales, sobre el atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) y la interpretación de las conexiones y vínculos internacionales, debía elegir una teoría para basar la misma; no dudé un instante en elegir el realismo periférico de Carlos Escudé, en el que se basaron las RRII de Argentina en la década de los 90.

Carlos Escude planteó en su propia tesis para el doctorado en Yale las relaciones de Gran Bretaña, Estados Unidos y la declinación argentina 1942-49. Abogaba por la cooperación de los países periféricos con las potencias centrales para el crecimiento y enriquecimiento de los abandonados en el tercer mundo. Lo que él denominó el "bandwagon with", un guindarse del tren del adelantado para mejorar posiciones y que lo convirtió en adalid de la alianza entre Argentina y los Estados Unidos, a contramano de los acérrimos nacionalistas pero con la convicción que esa alianza serviría para mejorar la situación argentina. Acortando la historia de amargos descubrimientos, Escudé entendió, ya entrado el siglo XXI y después de dedicarse a estudiar economía, que a lo largo de la década de los noventa, Argentina había sido sometida a un vaciamiento sistemático, usando la alianza, por la que él había abogado y justificado intelectualmente en sus trabajos, como lubricante para saquear la economía.

Carlos Escude era un agnóstico declarado, aunque él mismo reconoce que se expresaba como agnóstico místico, siempre librepensador. Tal vez quienes observaron la serie del canal de cable infinito, "Creencias", recuerden al personaje de barba partida, verbo suelto e ilustrado, controvertido y polémico frente a los religiosos ubicados a su lado.
Cuenta el Rabino Dany Goldman, que en un arranque de revelación intelectual Escudé le arrancó la biblia a un participante de la mesa redonda y grito "Dios no cabe en este librito". Gran descubrimiento para un agnóstico declarado.

Hace poco más de un año recibí un email de Carlos Escudé firmado Najman Ben Abraham Avinu acompañando una sorprendente explicación sobre su conversión al judaísmo. No pude evitar sentirme sumamente emocionada, habíamos ganado para nuestro pueblo un valor, una mente privilegiada, un personaje de orgullo para cualquier comunidad.

Escudé relata en su libro “Por qué soy judío” que en 2006 comenzó a escribir un texto en el que proponía una lectura literal del Pentateuco, independiente de las interpretaciones de curas y rabinos, donde razonaba que si se acepta que la Tora es la palabra de Dios no puede permitirse que el verbo humano, sea cura o rabino la contamine con interpretaciones forzadas. Tantos sus amigos judíos como cristianos sufrieron, catalogando su obra como sacrílega y tratando de limar los excesos de la misma.

“Durante la primera etapa de elaboración del libro estuve muy peleado con Adonay. A medida que avanzaba, sin embargo, me sentía cada vez más atraído por el protagonista divino de la Torá. Producto de esta ambivalencia es la definición de mi perfil en la solapa, donde se me caracteriza como un sionista de origen católico que en materia de creencias se encuentra a mitad de camino entre el gnosticismo, el agnosticismo y el judaísmo caraíta. Cuando el libro finalmente apareció, yo ya lo había superado y me consideraba un devoto de Adonay, a quien tenía por amigo, aliado y hermano mayor.”

En agosto de 2009 el semanario Newsweek dedicó una nota a su nueva identidad.

Newsweek - ¿Se cansó de ser católico?
- Nací católico: me bautizaron, tomé la Comunión y la Confirmación y me casé por iglesia. Pero siempre tuve una pelea interna muy fuerte con el catolicismo porque me obligaba a creen cosas en las que no podía creer. No creo que el Mesías haya pasado por este mundo porque ninguna de las profecías bíblicas que lo describen se cumplió. Después es álgebra: cristianismo menos idea de que el Mesías no pasó por acá, es igual a judaísmo.
-Newsweek - Católico, agnóstico, judío… ¿Cómo tomó la decisión?
- Fue un proceso largo. En un momento se produjo un hecho en mi vida que no puedo hacer público y me decidí. Tenía ganas de ser religioso por primera, pero sólo podía serlo en el contexto de una religión que no me impusiera una teología maximalista, sino un credo minimalista. Para ser judío sólo hay creer que hay un Dios creador. El judaísmo no estipula la salvación por la fe. Uno, en todo caso, se redime por sus obras. No podía ser religioso sintiéndome obligado a ser intelectualmente deshonesto, creyendo que el pan se convierte en carne y el vino en sangre. Además, nunca pude aceptar la idea sacramental que el sacerdote es un intermediario entre Dios y el hombre, que tiene el poder de absolver o no. El rabino no es intermediario, sino un maestro.

Dice Najman Ben Abraham Avinu “Si en el cielo me preguntaran por qué no fui Abraham o Moshé, tendré una respuesta fácil, ya que no fui dotado de sus grandezas. Pero si me preguntan por qué no fui Carlos Escudé, no tendré respuesta alguna. ¿Por qué elegí hacerme judío? Es muy sencillo. Simplemente, porque aspiro a ser fiel conmigo mismo.”

Najman o Carlos es PHD en Ciencia Política de la Universidad de Yale, investigador principal en el CONICET y director del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad del CEMA, su currículo es vasto, nutrido y colmado de excelencia. Dentro de su amplio análisis sobre la conversión y la identidad pueblo judío indica que “la supervivencia del pueblo de Dios inevitablemente vino de la mano de grandes padecimientos, porque las minorías que no se funden en la masa común han sido perseguidas en todas las épocas….” En la visión de Salo Barón, historiador del pueblo judío de la generación de la Segunda Guerra Mundial, los romanos conservadores se sentían amenazados por el “progresivo desmoronamiento de los principios morales tradicionales y el éxito evidente de la propaganda religiosa judía”. En tal sentido, resulta fascinante recapacitar, dice Escudé, que el judaísmo (y luego el cristianismo) fueron a la civilización romana pagana lo que el islam representa hoy para Europa occidental, cuya conquista demográfica por los musulmanes parece irreversible.

Yael Goldmann